CAPÍTULO I: HISTORIA DE LA CIENCIA FICCIÓN

En este capítulo revisaremos sucintamente la historia de la CF anglosajona, latinoamericana y chilena. En el caso latinoamericano, es necesario precisar su inexistencia formal, es decir, aún no se ha escrito (desde la visión latinoamericana) un texto que agrupe un cierto número de obras bajo algún criterio específico de selección. A pesar de ello sí es posible acceder a versiones de la historia de la CF latinoamericana desde el canon europeo y más precisamente del anglosajón; sin embargo, este esfuerzo pierde su importancia documental al estar basado en escasas, y a veces, desinformadas fuentes de datos. Al mismo tiempo, se aborda la tarea investigativa a partir de un criterio prejuicioso: “Latinoamérica ha estado aislada del mundo desarrollado. (Lo anterior) parece más un argumento de una utopía o una obra de historia alternativa, que un criterio académico de selección de muestras de la literatura de ciencia ficción de un país o una región determinada (porque) la ciencia ficción ha existido en todas las sociedades, a las que ha llegado directa o indirectamente, la revolución científica y sus aplicaciones tecnológicas, pero también sobre todo, la idea ilustrada del progreso.”Note43. Detrás de aquel criterio discriminatorio se encuentra un hecho concreto: la CF europea y estadounidense ha tenido un mayor desarrollo y difusión gracias al apoyo económico de las naciones que las producen.

El primer problema para establecer la historia de la CF es determinar su verdadero origen. Por una parte, no podría ser de ninguna manera anterior al desarrollo de la ciencia, ya que según Jean Gattégno “el error de todos los historiadores de la ciencia ficción consiste en olvidar que no puede haber ciencia ficción (bautizada incluso como anticipación científica) mientras no haya ciencia, y aún ciencia aplicada. Los progresos de las técnicas y las promesas infinitas de descubrimientos en todos los géneros son los que hacen posible la construcción de otros mundos, aparentemente “fantásticos” pero en realidad no del todo inverosímiles”Note44. . La afirmación hecha por J. Gattegno acerca del origen científico de la CF se sostiene gracias a la Revolución Industrial, antecedida por las ideas que la Ilustración tenía acerca del progreso. Por ello propone “a Cyrano de Bergerac entre los precursores verdaderos de la ciencia ficción”Note45. con títulos como El viaje a la luna y La historia de los estados e imperios del Sol.

Otros autores fijan el origen de la CF en los de la narrativa misma, es decir, en aquellos relatos de sucesos extraordinarios producidos en las tradiciones religiosas de todos los pueblos. Asimismo presentan como potencial comienzo, el relato Historias Verdaderas (siglo II D.C.) del escritor sirio Luciano de Samosata; coincidiendo mayoritariamente en esto teóricos y estudiosos, por ejemplo, J. L. Borges, en el prólogo a las Crónicas Marcianas de R. BradburyNote46. , señala que L. de Samosata sería el precursor por excelencia, puesto que en su obra encontramos “un viaje imaginario a la Luna que incluye la descripción de una raza y sociedad selenita y que tiene incluso la descripción de las primeras batallas espaciales de la historia

Proponemos la siguiente historia de la CF, contrastando ambas perspectivas teóricas acerca de su origen, entregando las fuentes primarias utilizadas en esta investigación de tal manera que el lector, a partir de ellas, tenga la posibilidad de ampliar la información que aquí se encuentra apenas esbozada.

1.1 Ciencia Ficción europea y estadounidense

En primer término encontramos a los llamados precursores del género entre los que podemos mencionar a Johannes Kepler en el siglo XVII con Somnium “que finge ser la transcripción de un libro leído durante un sueño, cuyas páginas prolijamente revelan la conformación y los hábitos de las serpientes de la Luna, que durante los ardores del día se guarecen en profundas cavernas y salen al atardecer”Note47. , Jonathan Swift con Viajes de Gulliver, El reino de George VI, 1900-1925, publicada en 1763 de autor anónimo; Louis Sebástien Mercier, con la novela El año 2440 (1771) según J. Gattegno, no cumple más que en lo mínimo para lograr ser considerado como precursor del géneroNote48. .

J. Gattegno propone sin dudar a Jules Verne (Un viaje en globo, 1850) como fundador de la anticipación científica puesto que su obra centrada en invenciones y máquinas está impregnada del pensamiento científico, seguido muy de cerca por el británico H.G. Wells mucho más preocupado por las consecuencias sociales de la aplicación de la ciencia . Sin embargo, para otros estudiosos (John Clute, Omar Vega y Marcelo Novoa) quien realmente merece tal distinciónes Mary Shelley y su novela gótica titulada Frankenstein o el moderno prometeo (1818) verdadera ciencia ficción puesto que evidencia la preocupación humana por aquello que el desarrollo de la ciencia nos permitiría crear, en el caso de la novela, dar vida a un ser monstruoso.

En los Estados Unidos las revistas de tiraje masivo, bajo precio y calidad de impresión -más conocidas como pulps- publicaban relatos maravillosos de aventuras, de escritores como: Edgar Rice Burroughs (Bajo las lunas de Marte), John Carter (Ciclo de Marte) y Carson Napier (Ciclo de Venus) entre muchos otros. Este tipo de relatos atrajo mayoritariamente a un público joven, cuestión que con el paso del tiempo transformaría en un estigma para el género. La aparición de Hugo Gernsback en el horizonte de la CF resultó especial porque dio un nombre a todos los relatos que antes se catalogaban como fantasía o utopías. Hugo Gernsback acuñó el término scientifiction para dar un nombre a las obras producidas por Verne, Wells y Poe, las que contenían “un romance encantador mezclado con hechos científicos y una visión profética”Note49. . En 1926creó Amazing la primera revista especializada y dedicada únicamente a relatos de CF, con ello comenzó la masificación del género. Luego Jonh W. Campbell fundó la revista Astounding Science Fiction (1930) y desde sus páginas surgieron los mayores exponentes del género quienes otorgaron prestigio, rigurosidad científica y temas de interés masivo en torno a los avances científicos y sus consecuencias en la sociedad. Ya, a fines de la segunda guerra mundial estaban posicionados los nombres de Isaac Asimov, Heinlein, Clifford D. Simak, Arthur Clarke, Philip K. Dick, Ray Bradbury, Anthony Burguess y George Orwell.

Durante el período 1965-1972 se produjo la separación al interior del género, emergiendo la preocupación, en algunos autores, por aspectos más humanistas: la exploración de la conciencia, la relativización de los valores morales, la interioridad del ser humano. Se alejaban paulatinamente de la dureza de la CF, asentada en las descripciones rigurosas de los aparatos y procedimientos, proveyendo a sus fieles lectores otros temas desde la despectivamente llamada CF “blanda”. En abierta oposición los escritores de CF “dura” postulaban que eran ellos los verdaderos representantes de la CF. Entre los nuevos escritores “blandos” se contaba a W. Burroughs y J.G. Ballard en Gran Bretaña; en los Estados Unidos a Delany, Merrill, Leiber, Philip K. Dick, Farmer y Silverberg formaron la llamada Nueva Ola de la CF. Arthur Clarke representante de la CF “dura” alcanzó su mayor popularidad al publicar en 1968, 2001: Una odisea del Espacio, llevada al cine por Stanley Kubrick.

A partir de la década de los 80 apareció una nueva tendencia, el cyberpunk, de fuerte sustrato postmoderno. Su máxima expresión literaria se alcanzó tras la publicación de la novela Neuromancer (1984) de William Gibson: la historia nos muestra “Un futuro invadido por microprocesadores, en el que la información es la materia prima. Vaqueros como Henry Dorrett Case se ganan la vida hurtando información, traspasando defensas electrónicas, bloques tangibles y luminosos, como rascacielos geométricos. En este espeluznante y sombrío futuro la mayor parte del este de Norteamérica es una única y gigantesca ciudad, casi toda Europa un basural atómico y Japón una jungla de neón, corruptora y brillante, donde una persona es la suma de sus vicios.”Note50. Con esta novela se establece el marco inaugural del movimiento cultural cyberpunk, el que revisó críticamente las consecuencias traídas por las nuevas tecnologías de la informática. Se menciona a Philip K. Dick como precursor de este subgénero por su novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Más conocida por su versión fílmica titulada Blade Runner, (en 2007 se presentó una nueva versión con mejores efectos especiales y nuevas escenasNote51. ). También comenzaron a destacar otros autores: Bruce Sterling, cuyo fanzine crítico Cheap Truth y su antología Mirrorshades (1986), son los escritos decisivos para el nacimiento del ciberpunk; posteriormente narró la persecución del floreciente movimiento informático en La caza de hackers (1992) -uno de los primeros libros que se distribuyeron gratuitamente en Internet.- Posteriormente centró su interés en medios extintos, el diseño industrial ecológico, los contactos entre narradores de diferentes culturas y la prospección del futuro (Tomorrow Now, 2002). Sus novelas; Involution Ocean (1977), El chico artificial (1980), Cismatrix (1985), Islas en la red (1988, premio John W. Campbell Memorial), The Difference Engine (1990, en colaboración con William Gibson), Heavy Weather (1994), Fuego sagrado (1996), Distracción (1998, premio Arthur C. Clarke), Zeitgeist (2000) y The Zenith Angle (2004), y las colecciones de cuentos Crystal Express (1988), Globalhead (1992) y A Good Old-Fashioned Future (1999). La tendencia estética del ciberpunk tendrá otros cultores entre los que destacan: Pat Cadigan, Synners(1991),en la que se propone que “the line between technology and humanity is hopelessly slim. To be a Synner is to join the online hardcore, an outlaw band of hackers, simulation pirates, and reality synthesizers hooked on artificial reality and virtual space. Now you can change yourself to suit the machines-all it costs you is your freedom, and your humanity. Synners shows us a world perilously close to our own. A constant stream of new technology spawns new crime before it hits the streets, and the human mind and the external landscape have fused to the point where any encounter with “reality” is incidental. Equal parts thrill-ride and cautionary tale, this classic novel by the Queen of Cyberpunk offers us a terrifying glimpse into the future of our race.”Note52. Kathleen Ann Goonan, Quenn City Jazz (1994) de la cual William Gibson comentó: “An unforgettable vision of America transfigured by a new and utterly apocalyptic technology. Greg Bear's BLOOD MUSICis perhaps the only other novel to have dealt so unflinchingly with the paradigm-shattering possibilities of a functioning nanotech. If a science fiction writer's job is to conceive the inconceivable, Goonan has arrived with an immaculate version of the traditional tool-kit -and the nerve to use it hard."Note53. Finalmente Neal Stephenson, Snow Crash(1992)relato que supone que“En el futuro cercano, los americanos sólo destacan haciendo cuatro cosas: música, películas, programas... y repartir pizza en menos de treinta minutos. En el mundo real, Hiro Protagonista trabaja de repartidor para Pizzas Cosa Nostra Inc., pero en el Metaverso es un príncipe guerrero. Y en el Metaverso se enfrenta con algo aún más terrible que la posibilidad de llegar tarde a una entrega: el enigma de un virus que amenaza con provocar el infocalipsis. “Note54.

1.2. Ciencia Ficción Latinoamericana

Para abordar el género en Latinoamérica disponemos de investigaciones más o menos rigurosas sobre las producciones de CF locales de México, Cuba, Argentina y Chile. Sin embargo, los acercamientos más amplios al género desde una perspectiva latinoamericana son menores, casi inexistentes. Por ello, hemos determinado escoger aquellos estudios, ensayos o artículos que puedan ayudarnos a reconstruir una panorámica de la CF latinoamericana.

Nuestro propio criterio de selección quedará limitado a aquellos países (Argentina, Cuba, México, Chile) en los que la CF por un lado, ha tenido un apreciable impacto en el mercado literario y, por otro, ha permitido la creación de sitios o portales vigentes en Internet. Las restantes naciones no tienen sistematizado el estudio de sus producciones, dificultando su inclusión de manera rigurosa y confiable.

La información disponible en relación a la producción de revistas de CF en Latinoamérica señala que en nuestro continente existían “981 revistas y fanzines, 102 cuentos publicados en recopilaciones no especializadas, 253 antologías, 373 novelas y 134 ensayos, provenientes de 15 naciones de América Latina; es decir, casi el 60% de ellas, con excepción de las Antillas Menores, Belice, Guyana Francesa, Haití, Honduras, Jamaica, Panamá, Paraguay, Puerto Rico y Surinam.”Note55. Entre las naciones que forman parte de ese 60% encontramos 623 títulos en Argentina, “seguido por México (459 títulos), Brasil (330 títulos), Chile (111 títulos) y Cuba (76 títulos)”Note56. .

El primer relato de CF producido en tierras latinoamericanas apareció el año 1775 en Mérida, México y se tituló; Las Sizigias y Cuadraturas Lunares del fraile franciscano Manuel Antonio de Rivas las que en “sus órganos constitutivos ya muestran las características de la ciencia ficción moderna: búsqueda de verosimilitud científica, cálculos geográficos, físicos y astronómicos, extraterrestres, sátira social y una velada utopía ilustrada.”Note57.

Los autores latinoamericanos modernistas Rubén Darío, Leopoldo Lugones, Amado Nervo, Horacio Quiroga y Macedonio Fernández “also shared the movement`s admiration for scientific progress on the one hand, and its generally macabre atmosphere on the other. These founding fathers did much to popularize the gothic in their tales of the bizarre and the supernatural, and to this day a good deal of Latin American SF is closely linked with horror.”Note58. Buscaron lo exótico y junto a ello comenzó la lectura preferente de autores como Poe y Verne, ambos sindicados como piedra angular de la CF.

El desarrollo de la CF en Estados Unidos durante la década de los treinta, no tuvo mayor repercusión en tierras latinoamericanas donde primaba el Realismo como tendencia literaria, por tanto, no gozaba del mismo prestigio ni consideración por parte de los autores y lectores, sin embargo, esto no impidió la aparición de Mi Tío Juan, del mexicano Francisco L. Urquizo, novela en la que un genio crea un producto asombroso para alimentar a la gente hambrienta pero, más tarde, se convierte en un personaje dispuesto a destruir el mundo.

En los años cuarenta, sobre todo en Argentina, bajo el influjo de L. Lugones brillarán autores de la envergadura de J.L. Borges, A. Bioy Casares y Roberto Arlt, “they gave it a hended boost in visibility and respectability.Note59. a la Ciencia Ficción latinoamericana. El llamado “Boom” literario, que explotó lo Fantástico y el Realismo Mágico, indirectamente extendió dicho prestigio al relato de CF debido al histórico mal entendido que lo equipara al relato fantástico. En Chile, Hugo Correa ya había dado el puntapié inicial a la edad de oro de la CF en Latinoamérica con su novela Los Altísimos, (1959) de la cual nos ocuparemos más adelante en la parte referida a la historia de la CF chilena.

Según Andrea BellNote60. fueron varios los factores que incidieron para que la década 1960-1970 fuera considerada como la de mayor producción de la CF en algunos países de Latinoamérica, tanto en cantidad como en calidad. Entre los factores señalados se encuentran: un mayor acceso a traducciones de textos europeos y estadounidenses, el giro de la temática hacia las ciencias sociales y las humanidades, la publicación regular de revistas nacionales e importadas, el surgimiento de editoriales especializadas en el género y un último factor de carácter político: Latinoamérica se encontraba bajo “bureaucratic-authoritarian regimes.Note61. Algunos de los autores latinoamericanos que destacaron en este período fueron: “Angélica Gorodischer, Eduardo Goligorsky, andAlberto Vanasco (Argentina); Jerônimo Monteiro and André Carneiro (Brazil); Antoine Montagne and Alejandro Jodorowski (Chile); Miguel Collazo, Manuel Herrera, and Ángel Arango (Cuba); Carlos Olvera and Alfredo Cardona Peña ( Mexico), José B. Adolph (Perú); Mario Levrero and Tarik Carson (Uruguay); and Luis Brito García and Pedro Berroeta (Venezuela).”Note62.

El quiebre o decadencia en el desarrollo de la CF en Latinoamérica se produjo en medio de la crisis económica mundial a partir de los años 70 hasta 1980 aproximadamente. La guerra de Vietnam trajo problemas graves a la administración del presidente estadounidense Richard Nixon, el que decidió unilateralmente desconocer el acuerdo Bretton Woods de 1944 que hasta ese momento había garantizado la estabilidad monetaria mundial. Posteriormente, en 1973 la OPEP castigó el apoyo occidental a Israel (guerra de Yom Kippur) llegando a cuadruplicar el precio del crudo acentuando la crisis mundial, la que tuvo profundas y nefastas consecuencias en Latinoamérica; en la década de 1970 la desestabilización institucional y política de la región propició el derrocamiento de los gobiernos democráticos y la instauración de gobiernos dictatoriales. Lo anterior puede ser interpretado como consecuencia directa de los problemas acarreados por la crisis económica mundial. En ese contexto los autores dejaron de escribir o bien optaron por abandonar sus países de origen, sin embargo, los esfuerzos por mantener vivo el género no se extinguieron del todo, por ejemplo, durante este período se publicaron en Argentina las revistas El Péndulo y Minotauro.

A continuación entregaremos una somera revisión del desarrollo histórico del género en Latinoamérica, el que tendrá como finalidad proponer un cierto orden para leer la CF surgida en las tres naciones antes mencionadas: Cuba, México y Argentina.

1.2.1 Ciencia Ficción Cubana

Desde la perspectiva de Juan Pablo NoroñaNote63. , existen tres factores que propiciaron el gusto del mercado por la CF en Cuba: la educación técnica, la alfabetización masiva y el patrocinio estatal a la cultura que vio una época exitosa durante la década de los 60, la que luego tendría su contraparte en el llamado quinquenio gris, período que enfatizando “lo didáctico, favoreció el desarrollo de la novela policíaca y la literatura para niños y adolescentes (…) elementos que objetivamente, (…) contribuían a darle su grisura a la etapa, porque el «énfasis en lo didáctico situaba la creación literaria en una posición subordinada, ancilar, donde apenas había espacio para la experimentación, el juego, la introspección y las búsquedas formales,”Note64. sin embargo, se recibieron muchas publicaciones soviéticas que imprimieron una tendencia “utopista y de hard ligero.”Note65. Un nuevo impulso recibiría al instituirse el premio David Especial de Ciencia Ficción de la Unión de escritores y artistas de Cuba. En los 80 primó el estilo más blando del género con destacados autores que se mantienen vigentes hasta el día de hoy, nos referimos a Daína Chaviano y Alberto Serret quienes confiaron en el lado poético y más centrado en el trabajo con los personajes que en el rigor científico. Será Agustín de Rojas quien mantendría al tope el género en su versión más científica y social. Junto con la desaparición de la Unión Soviética, también lo hicieron las posibilidades del mundo editorial cubano y además desaparece “toda pretensión de utopismo en la narrativa”Note66. . Es así que recién en 1999 la Editorial Letras Cubanas entregaría la antología Reino Eterno con noveles autores del género.Note67.

1.2.2. Ciencia ficción mexicana

Para Miguel Ángel FernándezNote68. la CF mexicana puede dividirse en cuatro etapas, a saber: Precursores (1775-1934): El inicio de la CF en México se produjo a fines del siglo XVII y halló su mejor fundamento en el comercio ilegal de algunos libros provenientes de Europa con los que se comenzaron a dar a conocer obras científicas que respondían a corrientes de pensamiento hermético y mecanicista. La primera obra producida en tierras mexicanas bajo la influencia de dichos textos y pensamientos fue las Sizigias y Cuadraturas lunares en el año 1775 escritas por el fraile Manuel Antonio de Rivas, denominada más rigurosamente como proto CF. Así, con el correr de los años y la influencia de pensadores europeos empezaron a circular textos como el de Sebastián Camacho Zulueta titulado México en el año 1970, cuento publicado en junio de 1835 en El Ateneo Mexicano, en el que reflexiona sobre las aplicaciones prácticas del daguerrotipo y el globo aerostático

Julio Verne fue uno de los autores consagrados que más influencia ejerció entre los cultores mexicanos de CF, entre los que podemos mencionar a José María Barrios, Pedro Castera y Amado Nervo quien “Cultivó el cuento, la poesía, el ensayo sobre la literatura fantástica y la divulgación científica, especialmente de la astronomía, la predicción, futurología, advertencias sobre una mala orientación del desarrollo científico y tecnológico, etc.”Note69. , sin embargo, su fuente de inspiración por excelencia fue H. G. Wells. La influencia de dicho autor también puede percibirse en relatos como La nueva aurora (1960) de Narciso Genovese y en Mi tío Juan (1934) de Francisco L. Urquizo, que además tiene la particularidad de haber “treated one of the more popular themes in World SF during this time, (década de los 30) namely, the promotion of scientific experimentation in pursuit of global peace and prosperity”.Note70. Ya en pleno siglo XX apareció la primera novela de ciencia ficción titulada Eugenia (1919) de Eduardo Urzáis Rodríguez; El Réferi cuenta nueve de Diego Cañedo.Note71.

Las primeras revistas mexicanas especializadas se caracterizaron por la traducción de sus similares anglosajonas; Los Cuentos Fantásticos, 1948-53 (Famous Fantastic Mysteries), Enigmas, 1955-57 (Startling Stories y Fantastic Store Magazine), Ciencia y Fantasía, 1956-57 (The Magazine of Fantasy & Science Fiction), Fantasía del futuro, 1958 (Science Fiction Quarterly, Super Science Fiction, Future Science Fiction, Planet Stories y The original Science Fiction) y la revista Crononauta, 1964 del chileno Alejandro Jodorowsky y el colombiano René Rebetéz.Note72.

Primera generación de autores mexicanos de ciencia ficción (1964-1984): De este período mencionaremos a lo menos un título por cada uno de los autores que pertenecen a esta generación entre los cuales están Alfredo Cardona Peña (Los ojos del cíclope, 1968), quien escribió el poema Recreo de Ciencia ficción y René Rebetez (La ciencia ficción: breve antología del género, El planeta alegre, 1966), Carlos Olvera (Mejicanos en el espacio, 1968), Marcela del Río (Cuentos arcaicos para el año 3000, 1972), René Avilés Fabila (La desaparición de Hollywood, 1973), Tomás Mojarro, (Trasterra, 1973) y Kalar Sailendra, (Xxyëröddny, 1984)

Autores contemporáneos (1984 - 2007): Para Miguel Ángel Fernández la revista Ciencia y Desarrollo cuyo prestigio y distribución a nivel nacional a través del Premio Puebla, creado en 1980 (Gerardo Porcado y Mauricio José Schwarz entre los primeros ganadores) un impulso más que suficiente para que esta generación ganara confianza. El premio Puebla se caracterizó por premiar aquellos textos que destacaban elementos mexicanos, que claramente diferenciaran la identidad mexicana, por ello se dejaron de lado muchas obras que aunque cumplían en calidad literaria no lo hacían en este sentido aspecto.

En la misma época se creó la Asociación Mexicana de CF la que otorgaba el premio Kalpa.

1.2.3. Ciencia ficción argentina

Luis PestariniNote73. nos ofrece una revisión somera de la CF argentina. En opinión de este autor ya van 125 años de desarrollo del género, aunque no hay conexión posible entre todos los textos que se han generado, no pueden establecerse escuelas o tendencias claramente delimitadas; sin embargo, no ha sido este un impedimento para que la producción, siendo escasa, por lo menos resultara variada. Los inicios del género estarían en un periódico de Buenos Aires el día 11 de junio de 1816 en el que se publica Delirio, “una volteriana crítica de costumbres ambientadas en 1880, más de medio siglo en el futuro, donde un poderoso gigante recorre las calles de la aldea enfurecido por las costumbres y hábitos alejados de la modernidad europea”Note74. . Más tarde vendrían Argiópolis (1850), de Domingo Faustino Sarmiento y Quien escucha su mal oye (1865) de Juana Manuela Gorriti.

Será por medio de la aparición de la llamada Generación del 80, apoyada en la idea del progreso y el positivismo, que surgirá la CF tal como la conocemos en la actualidad, dando a luz un nuevo contingente de cultores del género entre ellos; Eduardo Ladislao Holmberg y su novela, Dos partidos en lucha: fantasía científica (1875), más conocida e incluida en antologías será Viaje maravilloso del señor Nic-Nac la que en opinión de Andrea Bell “is usually credited as the first SF novel inLatin America.Note75. En el siglo XX fue Lugones con Las fuerzas extrañas (1906) quien marcó el rebrote del género junto a Horacio Quiroga y su Hombre artificialde 1910 y El mono que asesinóen 1909. Luego aparecerá en el horizonte La invención de Morel (1940) de Adolfo Bioy Casares quien la presenta como “una forma de alcanzar la inmortalidad. Narrada con oraciones, diálogos y párrafos cortos, la construcción de la historia parece engañosamente sencilla. El protagonista busca refugio en una isla que supone desierta, escapando de una persecución cuyo motivo desconoce. Es advertido que quienes arriben a la isla perecerán de una misteriosa enfermedad, pero la encuentra habitada por un grupo de personas, entre ellos el misterioso doctor Morel, y una cautivante mujer llamada Faustine. Su primera preocupación es que no lo descubran, luego enamorado de Faustine, que lo adviertan. Pero ellos le son indiferentes. La brillante resolución, su descubrimiento del secreto de Morel y del misterio merecen el prólogo en el que Borges, llamándola “imaginación razonada”, califica a la trama de perfecta.”Note76.

El desarrollo posterior del género verá en una publicación periódica su mayor oportunidad de difusión masiva, se trata de la Revista MAS ALLÁ, cuyo tiraje se produjo entre los años 1953 al 57. Desde sus filas surgieron los nombres de Pablo Capanna y H.G. Oesterheld, este último vio en la creación de guiones la manera de entregar su versión de la CF, ejemplo indiscutido es El Eternauta y otras historietas cuya primera versión aparecería en 1957. Capanna por su parte desempeñará un papel muy relevante no en la escritura sino más bien en la crítica informada del género. La revista Minotauro entre 1964 y 1968 según Luis Pestarini no ayudó a los autores nacionales, por el contrario, se dedicó a publicar a los autores extranjeros más consagrados; sin embargo, reconoce en ello el esfuerzo de la Revista Minotauro por mantener vigentes a los autores argentinos de CF, por medio de la publicación de cuatro pequeños volúmenes.

El año 1967 fue publicada Opus dos de Angélica Godorischer “quien junto a Bioy Casares y Pablo Capanna, constituye la tríada fundamental de la ciencia ficción argentina”Note77. . La seguirán otras novelas y colecciones de cuentos hasta llegar a su cumbre con Kalpa imperial en dos volúmenes (1983-1984).

En la década de los 70 se vivió un auge editorial que no perduraría en el tiempo, puesto que la ley que lo generó fue rápidamente dejada sin efecto. Hubo que esperar hasta los años 80 para que la CF argentina gozara de un desarrollo preponderante, ya no únicamente en libros, sino que se amplió a revistas en una de las cuales que “Marcial Souto edited two splendid SF magazines: El Péndulo (1979; 1981-1982; and 1986-1987), and a new version of Minotauro (1983-1986)”Note78. . Este florecimiento de la CF argentina sucede tras la guerra de las Malvinas y el término de la dictadura. Otro de los efectos de este magnífico período fue la creación del Círculo Argentino de Ciencia Ficción.

Los autores consagrados no detuvieron su trabajo y a ellos se sumaron otros escritores que lograrían notoriedad, es el caso de Carlos Gardini con Primera Línea (1983) cuento ganador de un concurso cuyo jurado estaba compuesto entre otros, por J.L. Borges, el mérito del relato estaría en haber adelantado algunos elementos que luego serían atribuidos al subgénero cyberpunk. En el año 1996 ganó el premio UPC con Los ojos de un dios en celo y en 2001 nuevamente fue galardonado por El libro de las voces.Note79.

A partir de los años 90 el panorama cambió bruscamente por, la crisis económica y cambios culturales habrían ocasionado la casi paralización de la CF en la Argentina, con la única excepción de la primera convención latinoamericana de ciencia ficción. Los escasos esfuerzos editoriales dejaron como muestra del período a un grupo de escritores jóvenes fuertemente influenciados por el cyberpunk reunidos en la publicación de El Péndulo en formato libro bajo la dirección de Horacio Moreno. Es en esta época que algunos escritores de literatura en general incursionaron en el género, fue el caso de Carlos Chernov, Anatomía humana (1993) con la que ganó el premio Planeta, Eduardo Blaustein, Cruz diablo (1997), Daniel Sorín, En esa época (2001) los que en palabras de L. Pestarini son ejemplos dispersos, sin nexos temáticos.

1.2.4. Ciencia ficción chilena

No comenzaremos este recuento de la historia de la ciencia ficción en nuestro país lamentando no ser considerados en las grandes antologías extranjeras, eso ya constituye un hecho indesmentible y tal vez pueda llegar a modificarse a partir del trabajo de escritores y críticos a la hora de hablar seria e informadamente acerca del género en cuestión. Diremos más bien que sí, afirmativamente, hay desarrollo de la ciencia ficción y que los autores abundan sobre todo en este siglo. Por el contrario, el origen remoto del género “está cubierto de brumas. (Por ello) Con gran esfuerzo un grupo de investigadores ha rescatado algo de ese pasado. En particular, existe una idea relativamente clara de la producción de novelas del género en el período que va desde fines del siglo XIX hasta el presente. Sin embargo el rescate de las obras está lejos de ser completa. Nada se sabe, por ejemplo, de los cuentos fantásticos del período colonial y hasta fines del siglo XIX. Se desconoce casi la totalidad del material publicado en diarios y revistas desde los comienzos de la imprenta en Chile y hasta la primera mitad del siglo XX.” Note80.

Tomando en consideración esos antecedentes iniciaremos esta breve historia en el año 1771, cuando en Santiago pudo leerse El año 2440 de Mercier, lamentablemente fue proscrita al año siguiente. Sobre la novela El espejo del futuro de David Tillman publicada en 1876 Omar Vega señala que no existe fundamento seguro sobre su real existencia, sin embargo, Yolanda Molina Gavilán la incluye encabezando el listado correspondiente a Chile en su Cronología de la Ciencia Ficción latinoamericana. Antes en 1875 sitúa Marcelo NovoaNote81. a Benjamín Tallman y su novela ¡Una visión del porvenir! o El espejo del mundo en el año 1975 publicada en el puerto de Valparaíso, la semejanza entre nombre de autor y de novela parece ratificar la impresión de O. Vega sobre los confusos datos que existen sobre dicha novela. Para quien ocupa el indiscutible puesto de pionero de la ciencia ficción chilena existe consenso entre los estudiosos, se trata de Francisco Millares y su novela Desde Júpiter (1877) “una utopía científica que describe una sociedad alienígena que existe en el planeta gigante. Carlos, el protagonista, es enviado a Júpiter por medio de hipnosis, y allí descubre una sociedad tecnológicamente avanzada que sirve para poner en evidencia las falencias del Chile de la época. La novela no escatima elementos propios de la ciencia-ficción contemporánea, tales como la descripción de maravillas técnicas como proyectores y telescopios que permiten leer diarios de la Tierra desde el mismo Júpiter. Los jovianos son capaces de volar y atravesar las paredes.”Note82.

Para lo que sigue emplearemos la clasificación propuesta por Omar Vega de manera de establecer un cierto orden a las novelas de ciencia ficción que se han producido en Chile según su pertenencia a determinados subgéneros.

1.2.4.1. Novelas Anticipatorias

En el año 1927 Julio Assman publica Tierra firme novela “ambientada en los 50´s, es la visión de Assman del ideal del cambio social: en el nuevo Chile, el colectivismo (pero no comunismo) está a la orden del día; el sistema del estado feudal ha desaparecido; el respeto mutuo y la igualdad prevalecen; los ciudadanos realizan ya sea el servicio social o militar obligatorios; el medio ambiente es respetado y conservado; las poderosas organizaciones gremiales luchan por el bien común, etc. Este proceso de transformación socioeconómica es puesto en movimiento por la promulgación de leyes que transfieren la mayoría de las tierras al Estado y desde este a los individuos cobrando rentas territoriales perpetuas. Entre otras cosas, esto fomenta la creación de colonias de gente que dejan las ciudades para vivir en armonía con la naturaleza, como pocas décadas más tarde haría la contracultura chilena”Note83. A Tierra firme seguirá en 1933, Ovalle: 21 de abril del año 2031 de David Perry, novela que insiste en la probabilidad cierta de que Chile será capaz en el futuro de superar las dificultades producidas por los avatares económicos y sociales que convulsionaron a nuestro país por medio de los avances tecnológicos y administrativos de las nuevas generaciones de chilenos. Tanto Omar Vega como Marcelo Novoa incluyen a Vicente Huidobro con la novela La próxima (historia de una guerra futura) en 1934, sin embargo, no se anota mayor detalle sobre el particular. Mucho más claramente aparece Michael Doezis y su Visión de un sueño milenario la novela publicada en 1950 “diagnostica y expone rudamente los que se consideraban los aspectos más problemáticos de la sociedad chilena al imaginar la potencialmente idílica unión entre las culturas terrestre y lunar. La novela, una pieza de ciencia ficción formulista pero provocativa y decididamente nacionalista, cuenta la historia del primer viaje a la Luna hecha por una tripulación humana. Todos los viajeros son chilenos, dado que la milagrosa nave espacial en la que viajan es invención de un ingeniero chileno.”Note84. En aquella época, la de los años 50, la teoría de la Modernización ofrecía una manera de entender la pobreza y falta de desarrollo en América Latina y como consecuencia también auguró un cambio en esta situación relacionado estrechamente con los procesos de industrialización que gradualmente imperarían en el señalado territorio. Frente a esta propuesta la ciencia ficción nacional contrapropone por medio de la novela Un ángel para Chile, 1959 de Enrique Bunster una visión de los efectos que esta paciente espera tendría en los chilenos. Apelando al tono satírico el autor plantea más bien “una creencia en la incapacidad de Chile de convertirse en nación desarrollada, atribuyendo dicha posibilidad a un cuasi milagro –a saber, una cura para la calvicie a prueba de tontos, inventada por un payaso desempleado. El descubrimiento trae gran riqueza, fama, y progreso al país y transforma al payaso en un héroe nacional, un ángel para Chile.”Note85.

1.2.4.2. Civilizaciones perdidas y utopías

La tercera novela que figura en la lista de la cronología de Yolanda Molina Gavilán es La caverna de los murciélagos, 1924, de Pedro SiennaNote86. . También la consideran M. Novoa y O. Vega, sin embargo, no forma parte del estudio de Andrea Bell y Moisés Hassón. La novela ofrece una “sabrosa e hilarante historia sobre una sociedad surrealista de murciélagos muy humanos”Note87. en tono utópico. En cuanto a las civilizaciones perdidas como un tópico que también es abordado por la ciencia ficción chilena y que en América Latina habría encontrado su sustento en el Modernismo y Romanticismo. Andrea Bell vuelve a insistir sobre este punto en su libro Cosmos al plantear que el realismo predominante en las obras de los años 30 no impidió el interés por lo exótico y primitivo sino que, por el contrario, generó novelas que apostaban por los mundos y civilizaciones perdidas, tal es el caso de Thimor, 1932 de Manuel Astica Fuentes, cuyo único mérito parece ser haber publicado primero o Luis Thayer Ojeda con la novela La Atlántida pervertida, 1934 y El mundo en ruinas, 1935, basada en el mito de La Atlántida, cuya “trama contiene innumerables sub-tramas, y los diálogos son interminables; a través de ellos emerge una crítica de las sociedades materialistas en las que los políticos están motivados sólo por su propio beneficio.”Note88. Por otra parte tenemos a Diego Barros Ortiz y Kronios: la rebelión de los Atlantes, 1954 “La historia es básicamente una de intrigas, traiciones, odios y batallas entre humanos y dioses en la isla de la Atlántida. El protagonista principal es Kronios; él confronta a los dioses quienes, luego de varios enfrentamientos, decide abandonar la Atlántida. La novela es una visión de la Atlántida como podría haber sido, e intenta explicar el misterio de su destrucción.”Note89. Dispar fortuna tuvo el tópico de La ciudad de los Césares en manos de autores como Hugo Silva, Pacha Pulai (1935), en la que se cuenta que “hace 300 años atrás un grupo de conquistadores españoles que naufragan llegan a la entrada de Pacha Pulai, una ciudad aislada en un valle completamente encerrado en las montañas de los Andes en el norte de Chile. Allí los españoles crean una cultura colonial similar a la de ellos, completa con sucesión dinástica y trabajadores nativos. Un día un piloto perdido llamado Teniente Bello aterriza en el valle.”Note90. Novela que consigue ser reeditada y además se transformó en lectura sugerida para adolescentes confirmando el viejo prejuicio acerca de la ciencia ficción y su público exclusivamente juvenil. Manuel Rojas, La ciudad de los Césares (1936), escritor que luego alcanzaría el pináculo en el mundo literario hizo sus primeras armas en la ciencia ficción con buenos resultados y Enrique Délano, En la ciudad de los Césares (1939)

Las novelas Pacha Pulai y La ciudad de los Césares “puedan ser leídas como revisiones del choque cultural que los europeos trajeron a su arribo al Nuevo Mundo.”Note91. Pero fundamentalmente están sostenidas por el mito de la ciudad de los Césares, las tres novelas trabajan el tópico con distintas miradas, podría establecerse un paralelo entre la novela de Rojas y Délano pero “todas ellas exhiben mucho de las características clásicas de las utopías literarias y las historias de mundos perdidos. Tales como un completo aislamiento geográfico, dislocación temporal, y la abundancia de oro (y la concomitante carencia de otros metales). Adicionalmente, los Césares en las dos primeras obras disfrutan de una salud robusta y son autosuficientes, y para asombro de los extranjeros, los Césares de Rojasy Délano son bastante indiferentes al valor del oro. Como es típico de los relatos de mundos perdidos, es raro y dificultoso a los forasteros entrar al reino escondido y una vez allí, casi imposible salir. En ambas novelas de RojasySilva el acceso fue conseguido solo a través de la intercesión de los habitantes de la ciudad, y el escape de Bello de Pacha Pulai estuvo marcado por la muerte altamente simbólica del historiador de la ciudad y la destrucción final de la vía de entrada. La ciudad en ruinas de Délano se mantuvo oculta gracias a la conspiración de los picos dentados de las montañas, la incesante lluvia, y una niebla impenetrable y eterna que cubría el valle. Aquellas mismas fuerzas naturales, sumado a la habilidad del valle de adormecer a los hombres sumiéndolos en un estupor agotador, llevan a la muerte a todos aquellos personajes que intentan escapar del valle al final y retornar a la civilización”Note92.

1.2.4.3. Space Opera

Tal como sucedió en Estados Unidos las revistas y muy especialmente los Pulps se transformaron rápidamente en los preferidos del público, en Chile algo parecido sucedió pero no en el volumen de las publicaciones sino más bien en relación a su temática: máquinas y su funcionamiento detallado, adelantos científicos y viajes interplanetarios con abundantes aventuras de los protagonistas. Alberto Edwards, quien inventó el personaje Julio Tellez, aventurero por esencia y protagonista de grandes transacciones tecnológicas, apareció con cierta regularidad entre 1913 y 1921, todas sus aventuras fueron luego recopiladas en Cuentos Fantásticos, 1956 por Manuel Rojas.

Ernesto Silva Román logró dar un paso más al mezclar los avances tecnológicos con los fenómenos paranormales, es uno de los tres autores incluidos en la antología Cosmos de Andrea BellNote93. con el cuento El astro de la Muerte, 1929. En opinión de Omar VegaNote94. , Silva Román es el precursor del subgénero ciencia ficción religiosa en la que muy probablemente encuentre sus orígenes la novela Ygdrasil de Jorge Baradit. La colección de cuentos El dueño de los astros, de la que forma parte el cuento incluido en Cosmos, nos deja ver que “Silva Román parece fascinado con la idea de la capacidad síquica latente del cerebro humano. Esta fuente de poder es canalizada, para fines benéficos o malignos, por los protagonistas científicos de diferentes cuentos. Las ondas cerebrales forman un puente entre dos mundos en El Dueño de los Astros, el mundo de la ciencia y el mundo del misticismo. (Por ejemplo, en algunas historias las energías cerebrales son desencadenadas por un genio científico luego de una rigurosa experimentación, pero en dos historias claves hombres de la India son los guías hacia el mundo psíquico.) En todas las historias en cuestión, los poderes mentales son usados para obtener control, ya sea sobre otros individuos o como armamento defensivo u ofensivo. El poder del pensamiento es usado para salvar o atemorizar a la humanidad dependiendo de la naturaleza de aquel que tenga el control. No hay moraleja en las historias, pero aquellos que son malvados lo son por su avaricia. La avaricia, de poder o de cosas materiales, está representada en repetidas ocasiones como el defecto fatal de la humanidad y diversas historias establecen una relación antagónica entre lo mental y lo material.”Note95.

Cerrando esta parte de la clasificación figura Juan Marín con El secreto del doctor Baloux, 1936 y de la que es relevante señalar, en relación con la novela de Jorge Baradit, que en la novela uno de sus personajes deja una carta en la que “afirma que el inconsciente sobrevive largamente a la muerte de la consciencia, y que puede convertirse en un gas mortal”Note96.

1.2.4.4. Sobrenaturales

Enrique Araya es el único autor que menciona Omar Vega, de quien hemos tomado esta clasificación para presentar la historia de la ciencia ficción chilena, el mismo autor señala que este tipo de novelas son “frecuentes en la ciencia ficción chilena” sin embargo, no ofrece otros nombres. Independientemente de este hecho, E. Araya llamó la atención de otros investigadores que no tardaron en postular que la novela publicada en 1950, “El Caracol y la diosa”es uno de los más sofisticados trabajos de la ciencia ficción chilena y es precursora de las obras de alto calibre que Hugo Correa comenzaría a publicar hacia el fin de la década.”Note97.

1.2.4.5. Período 1959 – 1970

En esta etapa surgen los tres más conocidos y respetados autores de ciencia ficción chilena, la denominada edad de oro de la ciencia ficción chilena abre los fuegos con Hugo Correa, coincidiendo con la fuerte expansión del género en América Latina. En 1959 publica Los altísimos, considerada por los críticosNote98. como antecesora de Mundo anillo, 1963 de Larry Niven, Andrea Bell señala en Cosmos que “he had sent one of his stories, “The Last Element” (“El último elemento”), to Ray Bradbury, who liked it, suggested Correa submit it to the Magazine of Fantasy and Science Fiction, and then dropped a note to the magazine’s editors on Correa’s behalf. The story was published in the april 1962 issue. Another story, “Alter Ego”, was published by MF&SF in 1967 and was later reprinted in the textbook Introductory Psychology through SF (1974) and in The Penguin World Omnibus of SF (1986).”Note99. Con lo anterior queda claro que su obra contó con el reconocimiento internacional necesario para permitir la traducción de sus relatos cuestión que no puede atribuirse a otro autor nacional, sin embargo, este hecho cobra mayor relevancia al constatar que Hugo Correa siguió escribiendo y es necesario dejar constancia de ello: El que merodea en la lluvia, 1962; Cuando Pilatos se opuso, 1971 el cuento que dio el título a esta colección de cuentos fue incluido en la Antología Cosmos Latinos, Los ojos del diablo, 1972; El Nido de las Furias, 1981; Donde acecha la serpiente, 1988; La corriente sumergida, 1993.

Junto a Correa encontramos a Antonio Montero, Los superhomos, 1963, “una muy clásica novela de construcción lineal y extremadamente simple, describe a 30 criminales cuyo tratamiento rehabilitatorio los transforma en genios entregándoles, además, poderes parapsicológicos.”Note100. Acá en el tiempo, 1969 y No morir, 1971. Elena Aldunate, escribió ciencia ficción con regularidad, sus obras en este género son: Juana y la Cibernética, 1963, El señor de las mariposas, 1967, La bella durmiente, Angélica y el delfín, ambas publicadas en 1976, Del cosmos las quieren vírgenes, 1977.

Otros escritores menos conocidos son Osvaldo Moreno, Aquellos, 1962, Raimundo Chaigneau, El ángel torpe, 1963, Armando Menedin, Laura, 1963, La crucifixión de los magos, 1966. René Peri, Uránicas, Go home!, Tierra dormida, 1969, de Ilda Cádiz Ávila, ambas son antologías. John Bohr, Mañana hacia el ayer, 1975, Tres piezas de teatro hacia el mañana, 1974 de Alberto Baeza Flores, Pasaje al fondode la Tierra, 1978 de Gustavo Farías, la antología El embajador del cosmos, 1976 de Antonio Cárdenas.

1.2.4.6. Obras recientes (1980-2007)

Para comenzar advertiremos que casi no existen estudios publicados sobre los autores de este período salvo dos excepciones; uno para la novela titulada De repente los lugares desaparecen, 1992 de Patricio MannsNote101. y otro para el texto poético Las cartas olvidadas del astronauta, 1999 de Javier Campos.Note102. Sí existen más intentos por analizar o reseñar los textos de ciencia ficción en Internet, sin embargo, su formato y el tiempo de permanencia en línea de las revistas o sitios en línea se corre el riesgo de quedar sin respaldo a la hora de hacer una referencia. Queda entonces, demasiado trabajo por delante, por ahora volveremos a repetir el esquema de nombrar sin profundizar en las obras ya que, no está entre las pretensiones de esta investigación, por ahora, lanzarse a dicha tarea.

Para obrar en justicia, a continuación proponemos una listaNote103. con los autores y sus respectivas obras, en las que no se incluyen antologías y que se publicaron durante la década de los 80:

1980 El veredicto, Bernardo Weber

1981 Misión: salvar a Jesús, Víctor Manríquez

1982 La última canción de Miguel Sendero, Ariel Dorfman

1983 El informe Manzini, Francisco Simón Rivas

1985 Fuegana: La verdadera historia de la ciudad de los Césares, Juan Ricardo Muñoz

-----El valle de los relámpagos, Eduardo Barredo

-----El alba de la mandrágora, Carmen Marai

1986 El hipódromo de Alicante, Héctor Pinochet

------El dios de los hielos, Carlos Raúl Sepúlveda

1987 Los muros del silencio, Eduardo Barredo

------El ruido del tiempo, Claudio Jaque

1988 Máscaras, Ariel Dorfman

1989 El sobreviviente, Edgard Gove

------La casa de Abadatti, Héctor Pinochet

------Mercenario Ad Honorem, Gregory Cohen

------La secreta guerra santa de Santiago de Chile, Marco Antonio de la Parra

------El trono de los durgon: una novela juvenil de ciencia ficción real, Saúl Schkolnik

Durante la década de los años 90 irrumpen autores como Claudio Jaque con Puerta de escape, 1991 y Patricio Manns con la novela De repente los lugares desaparecen, 1992 la que generó un artículo en el que se debate su pertenencia al género, es interesante puesto que se apela a ciertas definiciones de ciencia ficción para asegurar que no se trata de una obra de Fantasía, sino que legítimamente de ciencia ficción, repetimos que resulta interesante ya que permite revisar el texto instalando en la ciencia ficción pero abiertamente planteando una nueva vertiente del mismo “específicamente dentro de la literatura chilena, De repente despliega una riqueza imaginativa inusual en las letras nacionales, marcadas por un empecinado apego al relato realista.

Lo anterior nos lleva a concluir que “si se considera De repente los lugares desaparecencomo una forma de ciencia ficción de la modalidad distópica, su génesis latinoamericana le imprimiría aquel rasgo que marca toda nuestra literatura: la preocupación directa por hechos y problemas históricos, que difícilmente responde a la que califica a la obra de mera entretención. La dictadura, el abuso del poder, la impunidad de los criminales, la destrucción de la naturaleza, sin duda están ligados a nuestro presente histórico… con ella Manns abre nuevos y promisorios caminos escriturales para la novela Latinoamérica.”Note104. Esta tendencia o más bien esfuerzos de este tipo se repetirán en el futuro, tal como sucede con Ygdrasil de Jorge Baradit y su ciberchamanismo.

Posteriormente Diego Muñoz sorprenderá a los lectores devotos con sus Flores para un cyborg, 1997, novela que comparte la línea de Patricio Manns pues “aquí hay buenos y malos, mujeres sensuales y, sobre todo, un androide que desafía la imaginación tecnológica y se convierte en casi humano. El humor y la ironía de un científico que vuelve del exilio para encontrarse con un país que conserva “viejas prácticas” son las claves para mostrar, con acierto, que las aventuras son posibles”Note105. en pocas palabras estupenda novela, ágil y de rápida lectura, sorprende con sus detalles tecnológicos y que bien merece la pena de analizar literariamente. En el mismo año Oscar Barrientos publica La ira y la abundancia, un año después lo hará Darío Osses con 2010: Chile en llamas en la que “Osses predice un Chile donde el modelo liberal ha triunfado y todo se ha privatizado, incluyendo las fuerzas armadas. Chile se ha convertido en un desierto donde todo lo que podía explotarse ya lo ha sido, y donde la gente vive sumida en la contaminación, la violencia y el desempleo, pero felices por la droga legalizada y la pornografía tecnológica. Entonces, durante un partido de fútbol, un evento trivial crece de manera descontrolada, sumiendo al país en el caos absoluto."Note106. 1999 año en el que aparecen dos novelas: Albina y los hombres perros de Alejandro Jodorowsky y Psicoficción de Raúl Zenén Martínez.

Ahora si nos referimos a lo que va corrido de este siglo XXI, podemos mencionar a Pablo Castro, cientista político, ganador de varios premios con cuentos como Exerion (Fixión 2000), fue elegido para formar parte de la antología Cosmos Latinos de Andrea Bell y Morter (Terra Ignota 2003) incluido en la antología Años luz de Marcelo Novoa y Desde la oscuridad en Pulsares 3, libro en que se compila a los ganadores del concurso de cuentos de ciencia ficción latinoamericana del fanzine Fobos en su edición del año 2004,Note107. en ella se comenta que “Pablo Castro, nos muestra la visión última de la guerra, tan desprovista de emocionalidad, que obliga al hombre que la usa a alejarse de sus semejantes y de sí mismo, hasta convertirse en una parte de la maquinaria.” Otros escritores de quienes se sabe que están produciendo son El propio Luis Saavedra, Sergio Alejandro Amira, Marcelo López, Gabriel Mérida y Jorge Baradit por supuesto, con su ya consagrada Ygdrasil y su recientemente publicada Trinidad ganadora del UPC 2006. Para finalizar dos autores que publicarán durante este año, Teobaldo Mercado, Fragmentos del infinito y Sergio Meier, Segunda enciclopedia de Tlön.